AÑO: 2025
SUPERFICIE: 413 m²
FOTOGRAFÍA Lorena Darquea
Esta condición paisajística determina la forma arquitectónica del volumen superior, que se curva sutilmente para orientar los dormitorios hacia las vistas del parque.
Desde la calle, la vivienda se percibe como un volumen cerrado y sobrio. La planta alta —definida por su gesto curvo— está revestida con piedra volcánica negra, generando un telón de fondo que resalta la presencia de los árboles del jardín frontal. En contraste, la planta baja se plantea como un espacio más permeable, utilizando elementos verticales que filtran la luz natural y permiten una conexión visual y espacial entre el jardín y el interior.




La volumetría de la vivienda se configura mediante dos cuerpos articulados en torno al árbol existente, conformando una barra quebrada que se adapta al terreno y genera vacíos estratégicos como patios y terrazas. El volumen inferior, más abierto y permeable, alberga los espacios públicos y se vincula con el acceso, mientras que el volumen superior se presenta más contenido, reforzando la privacidad y las visuales hacia el paisaje. La superposición de planos y el equilibrio entre llenos y vacíos aportan una lectura ligera del conjunto, donde la arquitectura enmarca la naturaleza y el árbol actúa como eje compositivo del proyecto.
En el interior, los espacios sociales se articulan en torno al jardín posterior, promoviendo una relación directa con el paisaje inmediato. En planta alta, las áreas privadas se abren hacia el parque natural, estableciendo un diálogo constante entre la arquitectura y el entorno.


La vivienda se implanta de forma estratégica en el terreno, abriéndose hacia el jardín y las áreas exteriores mediante terrazas y grandes aperturas que integran interior y paisaje. Su disposición optimiza la orientación, la ventilación natural y el confort, generando una experiencia residencial contemporánea en contacto directo con el entorno.